7 de septiembre… a pocas horas de viajar

12 de la noche, la maleta a medio hacer y mañana cuando abra los ojos quedará muy poco para comenzar el camino. Lo difícil va a ser que me entren las ganas de dormir.

Un viaje largooo, muy largooo y con una compañera a la que casi no conozco, pero que va a vivir la misma experiencia que yo. Imagino todo lo que le voy a acabar conociendo y la pena que me dará despedirme de ella el último día de esta aventura.

Un viaje largo, muy largo. Madrid, Alemania, Etiopía y por fin Kenia. Un día volando de un sitio a otro a otro. Pero justo en ese instante final, empieza lo bueno del sueño. Un mundo por conocer del que muy poco sé, pero que precisamente por eso me absorberá tanto. Los sentidos completamente abiertos, los ojos de lado a lado buscando conocer, conocer y conocer.

Tampoco adelantemos acontecimientos, no imaginemos nada de lo que podría ser. Así, de modo inesperado es cuando más se disfruta de las cosas nuevas, de ese mundo nuevo.

Y ante todo una misión primordial: ser capaz de transmitir cuando vuelva a España, todo lo que he visto, todo lo que he sentido. Llegar al resto, a los que se quedan en nuestro mundo occidental. Es posible que esta misión, precisamente, sea la que enriquezca esta inmejorable oportunidad de conocer un país como Kenia.

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