El patetismo del Servicio de Juventud de Zaragoza

Hace poco tiempo he tenido el gusto o la desgracia de tratar con la responsable de la Unidad Técnica de Casas de Juventud, perteneciente al Servicio de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza, Charo Viela. Una mujer que no ha producido en mí más que un enorme sentimiento de repulsa ante la falta de profesionalidad de funcionarios que se supone deben tener ante todo el servicio al ciudadano como principal prioridad.  

Para explicar todo esto necesito volver atrás y retomar hasta el principio de la historia. Intentaré ser breve.  

La casa de Juventud de Casablanca llevaba tres años cerrada esperando una reforma estructural del edificio debido a que una fuerte lluvia había destrozado el techo y anegado su interior. Es lo que tiene convertir en espacio público una caseta que se construyó para promocionar unas viviendas construidas hace casi 30 años en el barrio. Un lugar que el Ayuntamiento no dudo en utilizar como equipamiento del barrio pero que ni de lejos alcanzaba las condiciones de seguridad necesarias para ser un espacio público. No sabemos qué habría ocurrido si hubiera habido gente cuando quedó destrozado por la lluvia.  

La Casa de Juventud en obras

  

Por fin, tras años de espera, los educadores volvieron a ocupar las nuevas instalaciones en abril. Aún así, hasta el momento, un par de meses, los únicos que entran a sus instalaciones son los educadores y algún usuario de actividades organizadas, porque sigue estando cerrado como sala de encuentro. No tengo muy claro por qué pero creo que es debido a que faltan equipamientos interiores.  

Hace tres semanas, hubo una tormenta de verano. En ella, el agua volvió a colarse por el tejado del edificio, creando goteras y humedades en las paredes. Uno de los fluorescentes, quedó colgando por un lado del techo.  

Os podéis imaginar la indignación de la gente del barrio. Mucho tiempo esperando, un cartel enorme que publicita lo que el Ayuntamiento se ha gastado en su arreglo y cuando no lleva ni 50 días la obra terminada, todas las esperanzas de conseguir por fin la casa de juventud se vienen abajo. Mucha rabia e indignación.  

  

Mientras estos últimos acontecimientos ocurren yo me encuentro haciendo prácticas en una radio de la ciudad. Y gracias a estar en pleno agosto mi jefe nos insta a los redactores a buscar nuestras propias noticas debido a la falta de temas respecto al resto del año. Se me encendió la bombilla y me permitieron la oportunidad de tirarlo para adelante.  

Averigüé a qué personas del Ayuntamiento de Zaragoza debía acudir. Una mujer, Charo Viela, Responsable de la Unidad Técnica de Casas de Juventud, perteneciente al Servicio de Juventud de Zaragoza. No hay palabras para exponer el pasotismo que mostró la señora Viela en las pocas conversaciones que tuvimos. De hecho, en una de ellas, al pasar una llamada de un teléfono a otro de la misma sala, no debieron darle bien el botoncito, y escuche como bromeaban entre ella y otra mujer del  departamento debido a lo ridícula que le parecía mi llamada.  

Me imagino a estas dos funcionarias pensando: ¿Cómo es posible que, un ¡¡MEDIO¡¡, se esté preocupando por un barrio como el de ¡¡CASABLANCA¡¡, y pretenda pedirnos ¡¡EXPLICACIONES¡¡ sobre su Casa de Juventud?.  

Las conversaciones que tuve con ella, sobre todo las últimas, no tienen desperdicio. Mi jefe estaba escuchando, solamente mi parte de la conversación, pero no podía dar crédito al oír mis contestaciones lo que suponía estaba argumentando la señora Viela.  

Siendo responsable de un departamento del Servicio de Juventud esta mujer, porque no puedo decir profesional, tuvo la altanería de intentar justificar por qué no iba a permitir que le grabara una entrevista telefónica. Argumentaba, muy digna ella, que no debía dar explicaciones a nadie incluso acusándome de que yo podría ni siquiera pertenecer a un medio de comunicación. “Por qué tengo que creer que llamas de un medio si te estoy atendiendo por teléfono”, explicaba mostrándose indignada. Tan solo llevo un mes trabajando en esto, pero jamás me había enfrentado a este tipo de comportamiento tan poco ético, prepotente y falto de profesionalidad, más aún tratándose de un servicio del Ayuntamiento de Zaragoza.  

Siguió excusándose, a veces con tono “gallito”, y otros con otro falso condescendiente. Ambos, indignos del servicio de Juventud que se merece esta ciudad. “El responsable de obras está de vacaciones… no te puedo decir el nombre de la constructora que llevó a cabo las obras ….tampoco qué medidas se van a tomar contra ellos…ni cuándo se va a volver a arreglar la casa de Juventud”.  

Charo Viela, quiero recalcar bien su nombre, incluso fue capaz de intentar atacarme con retórica sofística. Puede ser por el tono que yo adapté ante sus respuestas. Utilicé frases como, “usted debe responder ante los ciudadanos, los cuales tienen derecho a conocer qué ha ocurrido y por qué no disponen de una casa de juventud en condiciones desde hace demasiado tiempo”. Está claro que mi actitud debió cabrearle mucho. Intentó desvirtuar mi labor, “Esto pasó hace un mes, no crees que es un poco tarde para informar al ciudadano”.  

En fin, esta última conversación con Viela no tiene ni un segundo de desperdicio. Patética, altanera, prepotente, indigna de su puesto, eso opino de Charo Viela. Son la palabra que define su comportamiento. No creo que esta mujer merezca el puesto que tiene debido a la responsabilidad social que debería tener ante los ciudadanos ni a los medios que pretenden conocer las explicaciones que debe dar a todos los que sufren problemas con el servicio ciudadano que dispensa su departamento.  

Pero es que supongo que Charo Viela no entiende ni por un segundo lo que supone que a los jóvenes de Casablanca haya tardado en arreglarles la casa de juventud 3 años o que cuando estén a punto de conseguirla de nuevo vuelvan a sufrir la misma situación. La señora Viela no entiende la principal labor de su puesto, lo que una casa de juventud beneficia al desarrollo de los jóvenes de barrio de Zaragoza. Y, por tanto, lo que supone no tenerla.

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