La Conjura de los Necios

Kennedy Toole, John

Ignatius J. Reilly

Siempre he pensado que eso de mitificar a los artistas frustrados no reconocidos en su época conseguía ensalzar a sus protagonistas exageradamente.

Van Gogh es el mayor representante de estos. Y no es que este artista holandés no tenga obras cautivadoras, hasta una inculta pictóricamente hablando puede apreciarlo. Pero.. ..¿ Porqué el hecho de no haber sido reconocido en vida siempre lo tenemos en mente al valorarlo?

Por ello no me dio buenas vibraciones comenzar a leer una recomendación literaria que alguien me hizo basaba en el mismo principio.  John Kennedy Toole es el escrito de “La Conjura de los Necios”, con el que recorrió cientos de editoriales sin éxito para intentar tener la oportunidad de publicarlo. Pero Toole nunca lo consiguió y fue su anciana madre quien consiguió, años después, que alguien lo sacara del desconocimiento al que había estado castigado tantos tiempo mientras cogía polvo en un recóndito cajón.

Tras acabarlo, fue inevitable indagar sobre las circunstancias que rodearon la no publicación de este fascinante libro que cuenta las peripecias de un patético y a la vez cautivador personaje, Ignatius Reilly, en el Nueva Orleans de los años 50. Y es que, según he leído en la Red  su protagonista recoge algunas experiencias biográficas de la vida del propio autor.

Y todo ello crea un gran paradigma ya que Ignatius  tiene 30 años, vive con su madre después de haber estudiado en la universidad y no se dedica a nada en la vida. Eso sí, su egocentrismo y ensimismamiento le caracterizan de una manera singular. Queda claramente reflejado en los cuadernos “Gran Jefe” que amontona debajo de su cama conteniendo en ellos los primeros escritos de la gran obra literaria que tarde o temprano lo consagrará mundialmente como el mejor novelista de su tiempo. Un tipo tremendamente peculiar que merece la pena descubrir leyendo este libro.

Pretendió con su obra, Toole, presentar una exageración jocosa de su propia experiencia vital. Su autor pudo ser, según nos muestra el personaje de Reilly, una persona atormentada por su falta suficiente de talento llegando a sentirse un ser despreciado de nuestra sociedad. Escribir el libro pudo ser una buena terapia para Toole consiguiendo satirizar y exagerar sus propias frustraciones personales. Tras escribirlo recorrió todas las editoras que pudo pero todas la rechazaron menos una, de cierto prestigio, que tras estudiar un tiempo la obra finalmente decidió no arriesgarse ya que en definitiva la historia no contaba “nada”. Poco tiempo después Toole se suicidó.

Todo esto podría ser producto de mi imaginación pero es posible que el autor del libro tras acaba de escribirlo, sintiera que por fin había conseguido el sueño de hacer una novela que mereciera la pena, que ha sacado de sus entrañas, que desnudan sus mayores frustraciones. Sentiría además  que ésta le valdría el reconocimiento y le permitirá de una vez conseguir la vida de artista que creía merecer, haciendo esfumar de su mente su perturbante y depresivo concepto de sí mismo.

Lo fascinante de la historia es que la madre de Toole insistió durante años intentando conseguir la publicación del libro de su difunto hijo, con la absoluta convicción de que la obra lo merecía. Finalmente lo consiguió y comenzó a publicarse en 1980, once años tras el fallecimiento de su autor, consiguiendo además un tremendo éxito que le valió del premio Pulitzer de ficción al año siguiente de empezar a distribuirse.

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Y es que este libro que puede parecer que no tiene “nada” consigue una perfecta simbiosis entre tres elementos fundamentales de una novela. Los personajes, la trama y los diálogos que la componen. Todo ello consigue un conjunto de elementos estrambóticos y exagerados que logran engancharte. Toole demuestra con creces saber cómo hacer un personaje y hacerlo llegar al espectador. Y el libro está cargado de ejemplos como el Sr y la Sra Levy, la Srta Trixie, Jones o el detective Mancuso entre otros. Y aunque variopintos, todos tratan diferentes temáticas sociales muy arraigadas en los años 50’ en  EE.UU como las condiciones de vida de los negros, el exacerbado pavor comunista o los cliches homosesuales. Junta así, una estrambótica ficción con la realidad del momento consiguiendo un retrato hilarante de la sociedad.

En definitiva “La Conjura de los Necios” es una obra tremendamente recomendable tal y como corroboran todas las personas que conozco y lo han leído. Y todo ello aunque su autor muriera a manos de la frustración por no conseguir publicarlo.

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