Nadie Sabe Nada de Gatos Persas

De Bahman Ghobadi

La película “Nadie sabe nada de gatos persas” muestra el gran abanico de arte musical que se desarrolla en Teherán, capital de Irán, hoy en día. Desde música tradicional, Indie/rock, rap, pasando hasta por la electrónica o la  fusión que mezcla elementos modernos y antiguos de su cultura.

 

 

El punto fuerte de esta película se extrae de los temas musicales escogidos para el film de los que se denota están escogidos al milímetro para conseguir el clima deseado en cada preciso momento.

 

La trama pretende reflejar los entresijos y dificultades que sufren un joven grupo a la hora de dar a conocer sus primeros temas. Sacar un disco, conseguir permisos para tocar, exportar la música fuera del país son las quimeras a las que se enfrentan constantemente sus protagonistas. Muestra de esta manera lo caro y complicado que resulta conseguir los requisitos que la burocracia de país obliga para lograr sus deseados anhelos.  El enmarañado estatal parece estar creado para no permitir, al fin y al cabo, la expresión artística.

 

La historia se centra en que para alcanzar sus sueños musicales, los precoces músicos, acuden a otro tipo de artistas con más experiencia que no dudan en ayudar a este joven grupo ya que ven en ellos un reflejo de lo que fueron hace años. Son adolescentes que no quieren más que gritar al mundo lo que les sale de dentro y luchan por la injusticia de la situación desfavorable del país en el que se encuentran.

Un gran acierto consiste en que tanto los protagonistas como el elenco de artistas que les ayudan está representado por verdaderos músicos del país. Algo difícil de captar desde un principio por espectadores occidentales como nosotros. Entre ellos podríamos destacar la aparición de Hichkas, uno de los mas exitosos raperos de Irán que aún así no ha conseguido nunca permiso para crear CD’S con su música en la antigua Persia.

 

En mi opinión además de una crítica a la situación artística del país, con estos testimonios de artistas, sobre todo reflejado en la aparición en escena de este último rapero, muestran la idea de que por muchas dificultades que existan lo más importante es no perder la ilusión de hacer tu música en primera instancia para las gentes de tu país. Ghobadi refleja en ellos una maduración del juvenil pensamiento de los protagonistas canalizando su exaltación atendiendo con mayor razonamiento a la realidad en la que viven para sentirte plenamente felices en el hogar que te vio nacer y crecer, su tierra, Teherán.

 

El punto débil de la película recae en la falta de capacidad de enganche que tiene la trama durante gran parte de la película. Aunque Ghobadi continúa con la temática social que tanto a cautivado a sus seguidores con películas como “Las Tortugas También Vuelan” esta vez no ha conseguido dar con un tema que cautive desde un principio desarrollando las escenas de manera demasiado lenta. Es como si le faltara emoción resultando algo fría y distante. Es posible que esto se deba a centrarse en una temática menos interesante como la de los conflictos bélicos del país como el la película citada anteriormente.

Sí es enormemente destacable, por otro lado, la calidad y excelencia técnica de la fotografía y el color de la película. Especialmente en los tramos que a modo de videoclip se mezcla música con imágenes que muestran la vida en Teherán. Esta combinación resulta enormemente cautivadora y es donde Ghobadi ha conseguido dar en el clavo de la expresión cinematográfica dejando llevar su imaginación y saliendo de toda regla fílmica marcada.

 

 

 

Cómo no, como todas las películas de este tipo de directores árabes, no deja de enseñar a un pobre occidental como se vive  el día a día en oriente. Algo difícil de imaginar para nosotros que estamos constantemente bombardeados por otro tipo de informaciones mediáticas. Así es como se consigue destapar la venda que cubre los ojos por mera ignorancia del que desconoce o solo conoce una pequeña parte de las vidas que allí se desarrollan. De este modo es como se consiguen conocer verdaderamente nuevas realidades para nosotros, mostrando elementos que nos diferencian, y caer en cuenta de que son personas parecidas a nosotras, debido a las similitudes.

 

El último tramo de la película consigue por fin introducir sentimentalmente al espectador distante hasta el momento. Es cuando llega la comprensión acerca de la idea principal y más profunda del film. Un artista debe luchar por su libertad de expresión y nunca dejar de dirigirse al público  que le pertenece. El país al que pertenece y sus gentes.

 

 

Esta idea, reflejada en la escena musical, también es aplicable al ámbito cinematográfico en el que se mueven los directores de cine iraní. El mes pasado todos pudimos ver como en el Festival de Cannes se hacía referencia al colega de profesión también Iraní, Jafar Panahi, encarcelado durante tres meses en una cárcel de Teheran. Según publicó El País EL 26 de mayo éste fue liberado tras tres meses en los que no recibió asistencia letrada. Por este motivo, poco antes de su salida de presión comenzó una huelga de hambre que finalmente propicio su salida de la cárcel. Aunque el fiscal siempre insistió en que Panahi no fue detenido por ser un artista a mediados de abril el  Ministerio de Cultura y Orientación Islámica afirmó que su detención era “un asunto de seguridad” ya que el cineasta preparaba una película contra el régimen sobre los sucesos post electorales.

 

Parece ser que esta película se acerca más a una grave problemática social de lo que parece a primera instancia ya que aunque puede que no lo sepáis esta última obra de Ghobadi hoy día no puede exhibirse en salas iraníes.

 

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