La Chaqueta Metálica

La película “La Chaqueta Metálica” fue realizada por el director americano Stanley Kubrick en 1987. El film pertenece al género bélico y está ambientada en la guerra de Vietnam. Este conflicto civil fue apoyado por EE.UU y contextualizado en la lucha anticomunista durante la Guerra Fría hasta su retirada en 1973. Esta guerra creó mucha controversia en EE.UU donde se levantó el movimiento Hippie en contra dando por primera vez la espalda a la actitud militarista del país.


Esta película pretende ser una crítica belicista y militar en primer lugar y después como bien sabe hacer Kubrick en sus películas también es una crítica profunda a la condición humana. Su visionado no solo crea un sentimiento de repulsa hacia la guerra o los marines americanos sino que nos hace preguntarnos por qué la sociedad tiende inevitablemente a la autodestrucción mediante la alineación del propio individuo, tendiendo al retroceso en la búsqueda del sentido propio y verdadero de la existencia humana.

 

Esta base, que creo es la más profunda del film también fue reflejada por Kubrick en otra impresionante película “La Naranja Mecánica” en la que otro tipo de alienación es producida por el Estado a un joven ultra-violento pretendiendo así cambiar su conducta y ser adaptado a la sociedad aplicando principios pavlovianos o mecánicos a su organismo. La actitud alienante tanto en ésta como la producida en los soldados durante el entrenamiento en “La Chaqueta Metálica” forja en el espectador un sentimiento de repulsa ante la crueldad del agente transformador que coarta  ferozmente el  libre albedrío del individuo incidiendo brutalmente en el desarrollo natural de su personalidad.

 

Se centra en el caso estadounidense ya que este país es el mayor interventor o creador de conflictos internacionales dado su carácter controlador y sus ansias de consolidar su papel hegemónico mundial. De todos modos no creo que pretenda hacernos creer el director que esto solo ocurre en EE.UU sino que, no tanto el carácter bélico como el militar se extrapola a otros países tan democráticos o menos. Cualquier ejército dado que pretende crear máquinas de matar manipula la conciencia del individuo convirtiéndolo en una pieza más a utilizar a su antojo para los fines del Estado.

 

Aunque la chaqueta metálica es, como bien se dice, una tardía película sobre la guerra de Vietnam ya que había sido un tema muy tratado con anterioridad en la gran pantalla, tenía una intencionalidad clara y evidente. La película se realiza en los últimos años del segundo mandato consecutivo del republicano Ronald Reagan como Presidente de EE.UU. Durante los 80’ su política además de aumentar considerablemente el gasto militar estuvo marcada por el conflicto exterior. Apoyó en Centroamérica a regímenes que cometieron importantes violaciones de los derechos humanos y emprendió campañas informativas contra gobiernos democráticamente elegidos. En Oriente Medio ordenó el bombardeo de Beirut y apoyó decisivamente a Saddam Husein cerrando acuerdos de venta de armamento con el dictador, hoy ajusticiado por su propio país invadido por Estados Unidosen 2003. Puedo equivocarme pero a mi parecer uno de los principales motivos que llevaron a Kubrick a decidir realizar esta película estaba marcado por este contexto histórico y político y pretendía crear campaña contra la política militarista e intervencionista que había vuelto a irrumpir en la sociedad americana.

 

Mucha gente se cuestiona sobre la película su división en dos partes. El principal problema es que en estas dos la acción es muy diferente. La primera muy rápida, sin respiros, llena de gritos y órdenes constantes del sargento instructor mientras que la segunda es lenta, con poca acción bélica pretendiendo una mayor atención y análisis de las escenas que van sucediendo. Para mí esta diferenciación viene impuesta por la propia realidad a la que se enfrenta el marine americano al decidir emprender este camino. Las dos fases de profesionalización son tan heterogéneas como plasma el director en la película y la aplicación de las lecciones aprendidas en la primera tienen una mínima repercusión en la segunda. Son dos mundos muy diferentes. La rectitud, la obediencia imperante en la primera desaparece completamente en la segunda donde los soldados pueden llegar a tener que asumir el mando sin estar siquiera seguros de ello y verse completamente solos ante decisiones muy duras sin ningún apoyo de la retaguardia. Hay un símil referido a esto muy evidente y claramente plasmado en la película que permite entenderlo fácilmente; mientras en la primera parte cantan canciones referidas a la inhibición del sexo en la guerra son los clientes potenciales de las prostitutas vietnamitas.

 

Primera parte – El entrenamiento de los reclutas

La película muestra cómo durante las 8 semanas de escuela de marines previas al envío a una guerra  cualquier rasgo de individualidad es borrado en los reclutas. La actitud extrema de sumisión les hace aprender a acatar órdenes sin cuestionarlas creando un grupo de soldados descerebrados. De esta manera recitan consignas sobre dios, la defensa a ultranza del país, la simbiosis que deben formar con su arma  y la muerte del enemigo, constituyendo los rezos obligados de los soldados antes de dormir. Para ellos la pertenencia a la hermandad acaba estando por encima de la supervivencia.

La excelente técnica en esta primera parte es magistralmente acorde con aquello que pretende reflejar sobre esta institución o escuela. Los planos, los encuadres muestran de manera continua al pelotón perfectamente alineado y en formación. Kubrick juega con las formas simétricas, alineadas hasta el extremo de la perfección, queriendo reflejar la rectitud y antinaturalidad propia del sistema militar. Las dos filas de soldados en el barracón frente al sargento con movimientos de cámara perfectamente compenetrados con él, o los largos movimientos de cámara verticales que siguen a las parejas de soldados subiendo un obstáculo son dos de los claros ejemplos reflejados.

 

El guión de esta primera parte también es digno de ser mencionado. Es la crueldad de éste el que incide en mayor medida en los sentimientos del espectador. Kubrick va más allá de la dureza que muestran otras películas sobre este tema. Los diálogos o más bien monólogos del sargento, plagados de brillantes insultos, pretenden una sumisión extrema del hombre y conllevan a una grave degradación psicológica que proyecta una deformación en la personalidad de los soldados.

El mayor salvajismo se observa en cómo el sargento agrava estas humillaciones y vejaciones en la figura del soldado patoso, el más débil, para conseguir en él un aumento de motivación. La transformación de este soldado es brutal durante el entrenamiento. Al principio su expresión facial representa la inocencia propia de una mente poco despierta pareciendo inmune al trato del sargento Hartman pero tras convertirse en su juguete y ser vapuleado por sus compañeros, su rostro muestra una calma aterradora que acaba tornando sus ojos en vacío deshumanizado que curiosamente va acompañada de  su conversión en un soldado ejemplar. Finalmente la autodestrucción se convierte en la única salida para una mente vapuleada y alienada.

Segunda parte – La Guerra de Vietnam

La segunda parte comienza tras haber alcanzado un clima perfecto en el espectador. Éste, tras el cruento aperitivo, es consciente de la pobre situación mental de los soldados frente  a un conflicto bélico real que afecta la vida de miles de personas inocentes.

 

Destaca el ejercicio de reportero-publicista que ejerce el periodismo de guerra practicado por el ejército. La opinión pública y la motivación de los soldados conforman la clientela a la que hay contentar. No hay más que ver la actitud que los soldados muestran ante ellos ya que estos a golpe de pluma constantemente les convierten en héroes para su país.

 

En cuanto a la técnica, utiliza mucho la steadycam durante las expediciones convirtiéndose así en un soldado más del pelotón. También las figuras arquitectónicas típicamente asiáticas son magistralmente encuadradas y destacan frente a los diálogos de los soldados. La música es otro elemento técnico muy logrado con canciones distintivas de la época de los 60’ que representan la frivolidad de la cultura americana. El elemento visual que corresponde a esta banda sonora se encarna mediante la vestimenta de las prostitutas que imitan la moda femenina americana.

 

El guión sigue manteniendo el listón alto y consigue ser una gran crítica política.  Los diálogos ante dos compañeros muertos, las entrevistas, los comentarios ante un cadáver vietnamita o ante la francotiradora representan magistralmente la falta de un planteamiento general lógico y razonable de los soldados. Una apabullante actitud cínica sin escrúpulos cubre su conciencia perdidas dentro del conflicto.

 

La voz en off de Bufón durante toda la película da un toque personal al conflicto. Se cabeza aun siendo la más cuerda y reflexiva acaba retumbando en la mente del espectador tras sus últimas sobrecogedoras palabras. Con ellas parece haberse convertido en una máquina más. Sueños eróticos, el orgullo de seguir vivo y estar apunto para seguir matando son los pensamientos que ocupan su cabeza mientras se retiran victoriosos hacia el río y todos cantan a coro sobre el mayor estandarte americano, Mickey Mouse. La idea sobre la angustia existencial del hombre retumba en el espectador aunque Bufón parezca haberse alejado de ella.

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