La Filosofía de Kurosawa 2/2

Kurosawa decía que sin sus películas no era nada y es que pretendió en ellas plasmar sus experiencias y conocimiento acerca de todo aquello que le rodeaba.  Por ello, Kurosawa con su obra no sólo pretendía conocerse a sí mismo, sino con ello, darnos lecciones al resto sobre lo aprendido por él.  Este director encauzó su vida y su cine a marcar conocimientos sobre pasiones y sentimientos que tanto nuestro instinto como nuestra condición social marca sobre nuestro desarrollo propio. Así pretende que nos conozcamos a nosotros mismos y, gracias a ello, aportar a la mejora en nuestra condición de seres humanos.

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Gran parte de la maestría de Kurosawa proviene de su característica de admirador. Desde su infancia, los conocimientos culturales entraban en su mente como un torrente de ideas imparable. No sólo del cine occidental del que muy pronto se quedó prendado con gente de la talla de John Ford, Howard Hawks, Antonioni, Buñuel, Bergman, Chaplin, sino de muchas más corrientes artísticas como la pintura, la literatura, el teatro o la música de las que bebió incansablemente.

La pintura destaca dentro de sus películas debido a la importancia que da al color en la mayoría de sus obras. En “Ran“, por ejemplo, durante las batallas todo es gris, mientras que en las casacas de los combatientes brillan relucientes los colores de su bando. En “Los sueños de Akira Kurosawa“, además de jugar constantemente con elementos coloristas, una de sus historias está dedicada a la figura de Van Gogh.

La literatura también ha sido otra de sus grandes pasiones.  Ha versionado obras de grandes clásicos como Shakespeare o Dostoievski en varias de sus películas. Estos autores, del mismo modo que Kurosawa, proferían en sus obras una gran importancia por los comportamientos humanos, la relación entre éstos y el mundo que les rodea.

En cuanto al trasfondo comunicativo, se podrían distinguir en este director dos principales vertientes. La primera de ellas se centraría en la denuncia social de ciertas realidades que existían en su entorno. Entre ellos se puede destacar algunos como la pobreza, la prensa sensacionalista, la corrupción o la preocupación social tras las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.  La segunda, de más trascendencia universal, se centra en dilemas morales del ser humano con los que la mayoría del mundo se siente identificado. Fue sobre todo con este cine con el que consiguió hacerse un nombre en la esfera internacional.   El ansia de poder, la amistad o el egoísmo son, entre muchos otros, los temas universales que trata.

El uso de los diálogos también es muy importante en gran parte de sus películas. Ellos contienen la gran fuerza que necesitan las buenas películas para poder serlo. Los personajes, perfectamente caracterizados, se nutren de ellos para llenarlos de matices y enriquecerlos enormemente.  Viene a mi cabeza uno de sus personajes protagonistas, Dersu Uzala, el cual embelesa los oídos del espectador constantemente, pero con pocas palabras. El acercamiento y simbiosis con la naturaleza que posee este humilde cazador consigue, con sus palabras, darnos cuenta de lo poco desarrollado que tenemos nuestro instinto natural.

Pero Kurosawa no sólo es un maestro por saber construir historias y personajes, ya que para ello utilizó todas las armas posibles dentro del ámbito audiovisual. La climatología, por ejemplo, suele ser un elemento muy utilizado por Kurosawa y en un principio parece no tener un gran significado trascendental, pero lo cierto es que sí lo tiene. Este elemento para Kurosawa representa la naturaleza en estado puro. Ésta forma parte de nuestro mundo y, del mismo modo que nuestras pulsiones, se manifiesta sin reparo alguno. Por ello, se denota en sus películas, siempre con gran componente dramático, una intención de obtener estados climatológicos extremos. Del mismo modo, Kurosawa también pretende conseguir de sus personajes estados de ánimo muy intensos y muchos de sus personajes pueden pasar en un momento de la risa más escandalosa al llanto más desconsolador.

La técnica, para Kurosawa, siempre fue un elemento fundamental para un maestro en lo que significa “hacer cine”. Fue un gran adelantado a su tiempo y jugó con luz, planos, ritmo y color de manera espléndida, sacando a cada situación el máximo de sus posibilidades comunicativas. Dio pasos agigantados e incluso superó a las nuevas técnicas desarrolladas en occidente. Para Kurosawa no solo importaba dar una lección con las historias, sino que tenía verdadera pasión por mostrarlas de la manera más enriquecidamente posible gracias a todos los elementos de los que disponía. Entiende, por tanto, la importancia de una buena comunicación para conseguir hacer captar el mensaje de la mejor manera posible. Se dice de él que obligaba a repetir tomas hasta la saciedad, que no reanudaba el rodaje de una toma hasta que las condiciones climatológicas eran las ideales o que la opción multi-cámara, para captar varios ángulos a la vez, era su favorita.

Además,  este modo de expresión técnica de Kurosawa muchas veces contenía connotaciones psicológicas sobre el espectador. En “Rashomon” vemos como el director, extrañamente, no utiliza la figura de un personaje que represente a la competencia judicial que investiga el caso de asesinato en el que se centra la trama del film. El personaje está pero no está. Los acusados miran directamente a la cámara y explican al espectador su versión de los hechos. Utilizando esta técnica, Kurosawa pretende que el espectador se sienta en el difícil lugar de escuchar las distintas versiones que componen la historia y el deber de determinar una de ellas como verdad. Pretende facilitar así la consecución de la idea principal de la historia. Nuestra condición de seres moralmente débiles conlleva que el propio egoísmo de los protagonistas atraiga inevitablemente a la mentira.  La técnica de Kurosawa, como se demuestra en este caso, está a las órdenes de la transmisiones de ideas fundamentales.

Kurosawa demuestra con todos los elementos que componen su cine que es un pensador e investigador de la sociedad. Un intachable transmisor de aquello que conoce gracias a su estudio. En último término, un apasionado de la figura humana.

Me gustaría que gracias a estas líneas se haya podido entender la importancia que el cine de Kurosawa ha podido tener en nuestras vidas y formación moral como humanos. Más que muchos políticos o filósofo, aportando enormemente al devenir histórico de la sociedad. Akira Kurosawa, sin firmar tratados, sin formular teorías, sin dirigir un país, consiguió mucho más de lo que en primer término parece. Su ámbito no fue el económico o el político, tan determinantes en la sociedad de hoy día, sino el cultural. Pero dentro de éste ámbito consiguió asombrar a la antropología. Con su obra, mostró al humano al propio ser humano. Retratarlo y mostrarlo, rodearlo de un mundo y unas circunstancias. Todo ello para hacernos pensar sobre lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. Comprender la complejidad que nos rodea y así  ayudarnos a ser mejores personas. Kurosawa vivía para ello. El dijo, como antes he citado, que sin su cine no era nada. Toda su existencia, por tanto, consistía en ofrecer un valioso aprendizaje a la sociedad. Muchos personajes singulares de nuestra historia verán su legado empobrecido con el tiempo, pero las obras de Kurosawa seguirán intactas y perdurables muchísimo tiempo, pudiendo darnos lecciones morales de manera incansable.

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