La eficiencia periodística

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La profesión periodística parece verse amenaza en los últimos tiempos. La aparición de las nuevas tecnologías ha sido una de las principales causas que ha originado este debate. Hoy, la capacidad de informar no sólo la tienen los periódicos, la radio o la televisión, sino que numerosas plataformas parecen haber amenazado el monopolio que ostentaban  los medios de comunicación masivos.

Para poder adelantarnos a lo que en pocos años puede ocurrirle a esta profesión debemos estudiar la profesión desde sus elementos más elementales, los géneros periodísticos. Éstos, como instrumentos formadores de los profesionales nos ayudarán a entender la diferencia que la profesión aporta al resto de comunicadores.

Del estudio de los géneros periodísticos se desprende que estos constituyen una especie de evolución dentro del periodista. No sólo como profesional si no que va más allá. Podríamos compararlo con el recorrido vital que nos conforma como personas humanas. Por tanto, la asimilación de los géneros periodísticos por parte del periodista podría representarse por lo que en la vida corriente denominaríamos “hacerse mayor”. Es como si los géneros fueran épocas de nuestro recorrido vital en las que se requiere de nosotros mayores destrezas adquiriendo distintos retos.

La noticia, por ejemplo, se asemejaría a un juego de niños. Con eso no pretendo despreciar el género ni mucho menos, pero es el más sencillo de asimilar. Las palabras del interlocutor en este caso constituyen una especie de puzzle en el que sólo hay que saber encajar las piezas que hacen falta. Al dejar de lado la interpretación y basarse en la mera información, no requiere demasiado por parte del periodista. La destreza y rapidez serán las principales tareas. Si a ello añadimos unas reglas básicas y repetitivas que debemos grabar en nuestro conocimiento, esta etapa se acaba superando con ansias de adquirir tareas de mayor grado de dificultad, del mismo modo que el niño enseguida quiere hacerse adulto.

La adolescencia estaría representada por los reportajes. Aunque es cierto que dentro de éstos hay un amplísimo espectro, todos se caracterizan por la búsqueda de realidades más ocultas, la experimentación, la observación de los elementos que nos rodean para aprender a analizar las distintas realidades que nos rodean. El joven va descubriendo el mundo paso a paso en su adolescencia. Nunca le faltan ganas de interpretar gracias a la amplitud de miras que va adquiriendo y el enriquecimiento expresivo gracias a la amplitud de vocabulario literario a lo largo de la experiencia vital.

Pero la verdadera madurez se alcanza con los subgéneros especializados. De mayores todos debemos elegir una profesión y dedicarnos a ella, convirtiéndonos en expertos de esa materia. En el campo periodístico ocurre lo mismo. En esta etapa vital a la persona se le pide más profesionalidad y por ello el periodista debe responder a las exigencias, intentando convertirse en un experto en la materia que trate. Cultura, economía, ciencia, los ámbitos son innumerables. Existen tantos como intereses humanos.  El periodista adquiere aquí la responsabilidad no tanto de ser un experto sino de saber interpretar el máximo conocimiento posible sobre la materia a tratar.  Por ello podemos considerar a estas especialidades como más complejas. Esta etapa pueda parecer menos emocionante que las anteriores ya que su labor se centra en una mera recodificación de elementos. Pero lo cierto es que requiere de la adquisición de grandes conocimientos sobre un tema más concreto. Son éstos los que consiguen que el periodista pueda alcanzar la última etapa de su vida.

Por último los géneros opinativos se convierten en una especie de recompensa. Si en las distintas etapas de vida has alcanzado los objetivos que se le imponen, como profesional habrá adquirido la capacidad intelectual para  judgar, aconsejar y aleccionar al resto con sus exposiciones propias de ideas. Sólo cuando un periodista recorra todo este camino vital podrá llegar a considerar que ha cumplido con todas las obligaciones de su vida profesional.

De la observación de este recorrido vital y profesional se desprende que aunque la necesidad primordial del público sea la de recibir información,  el periodismo  es la única disciplina capaz de suplir esta labor  con eficiencia. La labor social del periodista se va adquiriendo con una dura y larga dedicación a la profesión de conformar. Debemos entonces alabar y no menospreciar la labor periodística como una tarea que requiere de un aprendizaje largo y complejo, tanto como la vida misma.

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