Cuando tu oficina se traslada al bar de abajo

Los educadores de la Casa de Juventud de Casablanca trabajan desde hace medio año en el bar donde van los jóvenes del barrio.  Esto se debe a que hace 6 meses los desperfectos provocados por una tormenta dañaron gravemente el techo del edificio que albergaba este servicio público a los jóvenes.

La historia se remonta a septiembre de 2007 siete cuando unas grandes inundaciones que hubo en toda la ciudad y el agua empezó a colarse por el tejado del edificio. La casa estaba abierta cuando el techo se resquebrajó y comenzó a llenar de agua la estancia principal. Los educadores y los chavales tuvieron que salir corriendo y refugiarse en el edificio contiguo.

Pero este no era el primer problema con el agua que tenía la Casa de Juventud de Casablanca. Por la cercanía con el Canal Imperial cada vez que el canal baja con el caudal lleno el agua desbordaba por los lavabos. Antes de su cierre definitivo por la inundación diversos técnicos del Ayuntamiento acudieron  que no hicieron más que aplicar soluciones de de emergencia que empeoraban a largo plazo el deterioro del lugar.

Y es que la historia de este edificio tiene algo de guasa. Se creó en torno al año 81 cuando comenzó la construcción de la urbanización Viñedo Viejo.  Sirvió como oficina de promoción de ventas de la urbanización.  Después  la confederación Hidrográfica del Canal se hizo cargo de ella y fue utilizada como equipamiento del barrio. En un principio fue Casa de la Tercera Edad hasta que construyeron un centro cívico,  que albergó a los mayores del barrio, la biblioteca, un bar, etc. En la planificación de este centro no se contó aún sabiendo que los jóvenes también necesitaban una Casa de Juventud.  Con el nuevo centro cívico en funcionamiento, los chicos del barrio, que hasta entonces estaban en un local de 50 metros cuadrados en el centro del barrio, se trasladaron a l vieja caseta de obra.

Se suponía que este edificio, desde que empezó a ser para los jóvenes, era una solución temporal y el Ayuntamiento se pondría manos a la obra para conseguir un espacio en condiciones. Incluso el edificio tenía orden de derribo para 2007, por temas relacionados con su cercanía al canal, pero finalmente fue cancelada. No es difícil de imaginar que el lugar no poseyó en ningún momento las condiciones necesarias de seguridad obligatorias para cualquier edificio, más si es público.

Y parece que lo único que se ha hecho en la Casa de Juventud ha sido gracias a la asociación vecinal “Tomás Pelayo”  que en cinco años ha crecido vertiginosamente hasta poseer alrededor  de 700 miembros. Estos tienen muchos más asuntos que denunciar en el barrio como la falta de trabajadores sociales que atiendan a las familias que lo necesitan, la falta de piscina o polideportivo público, siendo uno de los pocos barrios que no posee estos servicios.  Mientras que las nuevas zonas están siendo equipadas con todo lo necesario.

Pero volvamos al tema. Durante estos seis meses que nos hemos quedado sin Casa de Juventud, se han suspendido casi la totalidad de los talleres que se impartían.  Tan solo ha quedado composición por ordenador y guitarra ya que la sala habilitada en el Centro Cívico no da para más. Es una especie de sótano sin ventilación. En este tiempo además han podido organizar sesiones de Paintball, viajes a esquiar y una visita a Jaca. Sin embargo gestionar la preparación de estos viajes no ha sido fácil para los educadores que han tenido que acudir a otras Casas de Juventud de la ciudad para utilizar teléfono, internet o crear carteles promocionales.

Pero todo ello es, tan solo una parte del trabajo que estos educadores realizan. Su labor central consiste en conocer y pasar tiempo con los jóvenes del barrio. Conocerles, formar parte de sus vidas y de este modo acabar influyendo para que no dejen sus estudios, para que se profesionalicen estudiando un módulo o que lleguen a pensar que pueden hacer algo de provecho. Algunos de ellos lo creen debido a la condición social que les rodea pero podrían llegar a mucho más. Solo hace falta alguien ahí que le permita hacerlo ver.

Por ello los educadores no han dejado de venir al barrio. Acuden al campo de fútbol, a la taberna a la que van los jóvenes, todo para no perder esa labor. Han cambiado, los ordenadores, es escritorio o las zonas de bancos enfrente de la casa de juventud por la barra del bar y portería del campo de deporte.

 ¿Ustedes creen que esas son las condiciones que merece un trabajador social? Sobre todo piensen en el invierno que han pasado estos trabajadores y pónganse en su piel por un momento.  Piensen que son ustedes los que esperan que el Ayuntamiento dé la cara y arregle los desperfectos que tanto los chavales de un barrio como sus trabajadores sociales se merecen. Lo único que este colectivo pide es que se pueda atender a los jóvenes de la forma que se merecen y con unas condiciones dignas, lo que parece que para el servicio de juventud no vale nada.

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